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viernes, 25 de mayo de 2018

La mejor escalada de la Historia

Calificada así por muchos, el propio Kurtyka siempre quiso huir de esa calificación, argumentando que no es posible calificar un poema como el mejor, o una obra de arte como la mejor, así tampoco se puede con una escalada...

Como dice mi amigo Javi, gente fuerte hay bastante. Ahora, que además de fuertes sean realmente buenos, de esos ya hay menos. El polaco es uno de ellos.

Extracción y traducción libre del artículo publicado en 1986 en el American Alpine Journal

La Pared Resplandeciente del Gasherbrum IV

Pakistan, Karakoram, Baltoro Muztagh
* Feature Article
* Authr: Wojciech Kurtyka
* Año de la escalada: 1985
* Año de la Publicación: 1986


DESDE EL 13 AL 20 DE JULIO, el austriaco Robert Schauer y yo, polaco, escalamos la virgen cara oeste del Gasherbrum IV hasta lo alto de la pared, aunque no llegamos a la cumbre. El descenso fue completado del 20 al 23 de Julio por la arista norte. La pared, de 2,500 metros de altura, ha sido llamada la “Pared Resplandeciente” y se ha ganado la reputación de ser una de las más bellas y difíciles caras de montañas de todo el mundo. Había sido intentada previamente cinco veces por fuertes equipos estadounidenses, japoneses y británicos.
Hicimos la ascensión en el más puro estilo alpino después de aclimatar escalando hasta 7.100 metros en la arista norte, donde dejamos un depósito de comida. Dramáticas circunstancias en las fases finales del ascenso, después de haber completado la escalada de la pared, impidieron que alcanzáramos la cima. Una pésima meteorología y las condiciones de la pared nos retrasaron y prolongaron peligrosamente la ascensión, haciéndonos sufrir de hambre y sed. El 20 de Julio, después de salir exhaustos de la pared a la arista cimera, abandonamos la aparentemente fácil travesía horizontal hasta la cumbre e inmediatamente comenzamos los rápeles de la arista norte.
La montaña parecía estar gobernada por un espíritu antipático que se oponía a cada esfuerzo e incluso a cada intención. Sorprendentemente, dejó de acosar nuestras mentes vacilantes en cuanto abandonamos a escasos metros de la cumbre. Sin embargo, salimos vivos de la cara; la escalada fue perfecta y muy instructiva sobre todas las posibles trampas y peligros de escalar en estilo alpino en las montañas grandes. A continuación unos pocos ejemplos sorprendentes.
#. Justo debajo de la cima,el 18 de Julio, el sexto día de escalada, a 7.800 metros, cuando ya habíamos terminado la comida y el gas, fuimos atrapados por una tempestad horrible. Protegidos únicamente por un modesto saco vivac, pasamos dos noches muy duras en una diminuta plataforma en la nieve, barridos por avalanchas y rastrillados por el huracán. Continuas
coladas de nieve nos enterraban, nos exprimían y nos ahogaban. El viento cambiante y cegador nos oprimía de tal modo que solo podíamos hacerle frente a cuatro patas.

¡Gracias, cielo enfadado, que despejaste en la segunta noche!

#. Los vivacs fueron miserables. La segunda y tercera noches, las pasamos sin dormir apenas y separados uno del otro, sentados sobre picos de roca muy incómodos y afilados. Los sacos de dormir fueron nuestro único refugio del frío cielo.

¡Gracias, Karakorum, por no haber viento esas noches!

#. Todas las noches siguientes estuvimos bajo vientos furiosos e impetuosa ventisca. De nuevo, dormimos poco en la tienda vivac, enterrados en plataformas picadas en el hielo.

¿Quién tiene sueño?,¿qué es tener sueño?, ¿dónde estamos “ adormilado?”

#. Las condiciones de la pared se demostraron muy difíciles y peligrosas. La roca o estaba totalmente rota, o compacta como el mármol, con muy pocas posibilidades de protección. Debido a la falta total de puntos de reunion, era práctica habitual estirar los lardos de 40 a 80 metros- a pesar de la dificultad mantenida en el V grado. En total, escalamos cuatro largos de V grado - dos de ellos a 7.100 y 7.300 metros sobre roca marmólea muy técnica, sin un solo punto de seguro. La verdadera molestia fue la nieve muy profunda en el terreno mixto por el que tuvimos que hacer túneles verticales, exigiendo un trabajo tortuoso.

¡Qué bonita, que cuerda horripilablemente larga, bailando libre!

#. Las condiciones causaron un progreso más lento del esperado. Llevamos comida para cuatro vivacs y gas y bebida para cinco días, mientras que completar la escalada nos llevó once días. Finalmente nos salvó el depósito de comida al que llegamos al atardecer del novena día, que dejamos durante la escalada de aclimatación en la arista norte. Habíamos soportado cuatro días sin comer y tres días sin beber.

¡Oh, qué rico el té, qué dulces las 30 chocolatinas!

#. El agotamiento físico, el hambre, la sed y la falta de sueño causaron un buen número de sorprendentes sensaciones físicas. Particularmente asombroso fue el fenómeno experimentado ya por otros en grandes alturas, la sensación de la presencia de “el hombre que no está ahí”, o de “la tercera persona”. Fue tan intensa en algunos momentos, que los dos indistintamente esperábamos las reacciones y la participación de “la tercera persona”.

¿Por qué, querido amigo, no apareciste?

#. Por largos periodos de tiempo, yo oía extraños sonidos como música, cantar de pájaros o frases en susurros. Algunas veces era fácil descubrirlos como la transformación de sonidos reales, e identificar de dónde venían. Por ejemplo, el sonido dulce y apasionado de mujeres cantando, algo entre Bárbara Streisand y Santana, oído a las cinco de la tarde en los últimos días, venía del rozar de la cuerda sobre la superficie de la nieve dura, marcada por nuestras huellas.

Nunca pensé lo que podría salir de la nieve helada, ¡Bárbara Streisand!

#. Extraordinariamente intenso y casi preocupante fue la sorprendente tendencia y habilidad para asociar rocas, la nieve o las nubes con formas humanas. Se trasnsformaban en imágenes muy reales. Parecían moldeadas por algún misterioso espíritu escondido.

¿Quiénes sois, encantadoras y tranquilas figuras?

#. Particularmente doloroso, debido a la prolongada falta de sueño, fue el quedarse dormido repetidamente, de forma repentina e imprevista en los puntos de reunión, seguido de un igualmente repentino despertar con una sensación de terror.

¡Oh, es tan bonito dormir!

#. Igualmente desagradables eran las torturadoras visiones de comida y bebida.

¡Oh, arroz, oh pan!

* * * *
Aunque fue la escalada más bonita y misteriosa que haya hecho nunca, me siento abatido por haber fallado en alcanzar la cumbre. No puedo resistir la convicción de que una montaña tan bonita y su pared resplandeciente son demasiado espléndidas y perfectas para considerar ningún ascenso sin su punto culminante, la cumbre, como realmente completadas.

Area: Baltoro Mustagh, Pakistan.
Ascenso: Gasherbrum IV, 7925 meters, 26,000 pies, cara Oeste hasta los 7900 metros; descenso vía la arista Norte, del 13 al 26 de Julio, 1985.
Escaladores: Wojciech Kurtyka, Polonia, y Robert Schauer, Austria.
* “Pared Resplandeciente, Shining Wall” no es una traducción de Gasherbrum como ha aparecido en varias publicaciones. En Balti rgasha=bonital; brum=montaña.—Editor.


Artículo original:


The Shining Wall of Gasherbrum IV
Pakistan, Karakoram, Baltoro Muztagh
* Feature Article
* Author: Wojciech Kurtyka
* Climb Year: 1985
* Publication Year: 1986
FROM JULY 13 to 20, Austrian Robert Schauer and I from Poland climbed the virgin west face of Gasherbrum IV to the top of the wall, though we did not get to the very summit. The descent was completed from July 20 to 23 via the north ridge. The 2,500-meter-high face has been called the “Shining Wall” and has gained the reputation of being one of the most beautiful and challenging mountain faces in the world. It had already been attempted five times by strong American, Japanese and British teams.
We did the ascent in the purest alpine-style after an acclimatization climb to 7100 meters on the north ridge, where we left a food cache. Dramatic circumstances in the last stages of the ascent, after we had completed climbing the face proper, prevented our reaching the exact summit. Appalling weather and conditions on the face delayed us and dangerously prolonged the ascent, making us suffer from hunger and thirst. On July 20, after emerging exhausted from the wall onto the summit ridge, we abandoned the apparently easy horizontal traverse to the summit and immediately started the abseils down the north ridge.
The mountain seemed to be ruled by an unfriendly spirit which opposed the germ of every effort and even of every intention. Surprisingly, it ceased to harass our faltering minds when we abandoned the last meters to the summit. However, we got off the face alive; the climb was perfect and very instructive of all possible traps and hazards of alpine-style climbing in the high mountains. A few striking examples follow.
#. Just below the summit on July 18, the sixth climbing day, at 7800 meters, when we had run out of food and fuel, we were trapped by a horrifying tempest. Protected only by a modest bivouac sack, we spent two hard nights on a tiny snow ledge, swept by avalanches and raked by the hurricane. Masses of snow constantly buried, squeezed and suffocated us. The whirling, blinding wind so oppressed us that we could fend off the snow only by crawling on all fours.
Thank you, angry sky, you cleared on the second night!
#. The bivouacs were miserable. The second and third nights, we sat almost sleepless and separated from each other, very uncomfortably, on spiky, rocky pinnacles. The sleeping bags were the only shelter from the cold sky.
Thank you, Karakoram, you were windless those nights!
#. All the following nights were troubled by furious winds and impetuous spindrift. Again we had little sleep in the bivouac sack, buried on ledges hacked into the ice.
Who is sleepy, what is sleepy, where is this “sleepy?”
#. The conditions on the face proved very difficult and dangerous. The rock was either completely rotten or of completely compact marble, which offered poor protection. Due to the total lack of belays, it was the common practice to extend the pitches from 40 to 80 meters—though some were of sustained Grade V difficulty. Altogether, we climbed four pitches of Grade V—two of them at 7100 and 7300 meters in technically very hard extremely compact marble without a single belay point. The real nuisance was the very deep snow on the mixed ground through which we tunneled vertically, demanding tortuous work.
How beautiful, the horrifying long rope, swinging away free!
#. The conditions caused slower progress than expected. We carried food for four bivouacs and fuel and drink for five days while the complete climb lasted eleven days. Finally we were saved by the food cache reached on the evening of the ninth day at 7100 meters, left during the acclimatization climb on the north ridge. We had endured four days without food and three without drinking.
Oh, how wet was the tea, how sweet were 30 candies!
#. The physical exhaustion, hunger, thirst and lack of sleep caused a number of astonishing psychic sensations. Particularly amazing was the phenomenon experienced by others at high altitudes, the feeling of the presence of the “man who isn’t there,” of the “third person.” It was so intense that at times both of us instinctively awaited the reactions and the participation of the “third person.”
Why, dear friend, did you not appear?
#. For long periods I heard strange sounds like music, the twittering of birds or whispered talk. Sometimes it was easy to discover them as transformed real sounds and to trace them to where they came from. For instance, the sound of beautiful and passionate women singing, something between Barbra Streisand and Santana, heard at five P.M. on the last days, came from the rubbing of the rope sliding over the rough snow surface punctuated by our steps.
I’d never guess that you would come out of the rough snow, Barbra Streisand!
#. Uncommonly intense and almost troublesome was the amazing inclination and ability to associate rocks, snow or clouds with human figures and shapes. These were transformed into very real images. They seemed shaped by some hidden, mysterious spirit.
Who made you, lovely and quiet figures?
#. Particularly painful, due to the severe lack of sleep, was repeatedly falling asleep suddenly and unchecked at the belay stances followed by an equally sudden awakening with a sense of terror.
Oh, it’s so nice to sleep!
#. Equally unpleasant were the tormenting visions of food and drink.
Oh, you rice, you bread!
* * * *
Though it was the most beautiful and mysterious climb I have ever done, I feel miserable for having failed to reach the summit. I can’t resist the conviction that this Beautiful Mountain and its Shining Wall are too splendid and too perfect to consider any ascent of it without its most essential point—the summit—as really completed.
Summary of Statistics:
Area: Baltoro Mustagh, Pakistan.
Ascent: Gasherbrum IV, 7925 meters, 26,000 feet, via the West Face to 7900 meters; descent via the North Ridge, July 13 to 26, 1985.
Personnel: Wojciech Kurtyka, Poland, and Robert Schauer, Austria.

* “Shining Wall” is not a translation of Gasherbrum as has appeared several times in print. In Balti rgasha=beautiful; brum=mountain.—Editor.

viernes, 18 de mayo de 2018

Friday I'm in love

Hace unos años revisaba mi nueva forma de entrenar, obligada por las circunstancias personales, especialmente las familiares, y de cómo había ido recortando la duración de mis sesiones hasta límites que rozaban el absurdo. Más tarde empecé a escuchar eso de los llamados entrenamientos de intervalos, y no pude evitar reírme. Sigo con el mismo método y no hay queja: lo último que me han recomendado, los métodos de la Inquisición: en 15 minutos para el arrastre. Perfecto.
Hace ya bastante tiempo  me vengo fijando en que, igual que las sesiones de entreno, las sesiones de salida al monte están sufriendo desde hace bastante tiempo el mismo proceso de reducción temporal (en algunos casos, realmente rozando el absurdo).  Sin embargo, al igual que los beneficios del entreno de intervalos, me pasa lo mismo con las “micro salidas” al monte.

Estas salidas, gracias a mis ventajosas condiciones laborales, típicamente suceden los viernes, y funcionan más o menos de la siguiente manera: por la mañana trabajo en la oficina, normalmente hasta la una y media o dos, a esa hora salgo conduciendo al punto de quedada si es que voy con alguien, o al destino directamente si voy solo. Hago lo que tenía planeado o alguna variación dependiendo de las condiciones meteorológicas, de mis sensaciones, de la nieve, etc. Luego vuelvo al coche y conduzco de vuelta para recoger a los niños en casa de mis padres e ir a hacer la compra de la semana.

Unos pocos ejemplos de los últimos meses:

Viernes XXX Mando, Luque, Cuitu Negru, Pajares, Esquí de montaña


Viernes XXX Nando, Carlos, Cris, Cellón, Esquí de Montaña


Viernes XXX Mon, Lapuente, Morcín, escalada deportiva


Viernes XXX Solo: San Isidro Valmartín esquí de montaña.



Viernes XXX Brojos, Cristina: Figares Escalada Deportiva



Viernes XXX Nando: Gamoniteiro esquí de montaña


Viernes XXX Boza: Pelúgano Escalada Deportiva


Viernes XXX Solo: Ubiña por la arista Este



En total la media no suele superar las 3 horas y media coche-coche, por lo tanto, son ventanas de actividad realmente cortas.
Sin embargo, tengo más que comprobado que incluso así, el efecto es altamente positivo para mi estado de ánimo.
Hay quien me dice que para ir así, mejor no ir. Yo discrepo (y además pienso que los que opinan así, o bien tienen mucho más tiempo que yo, o bien no les gusta el monte tanto como a mí, seguramente el reparto sea al 50%).

Cuando no hay opción para más, esta es la mejor de las opciones, y a mí me sirve.

Por todo esto, la conclusión para mí es la misma que sacaba Robert Smith allá por 1992.

martes, 10 de abril de 2018

Del templo a la taberna

Sábado 17 de Marzo 2018
Kico Cerdá, Fernando Calvo, Iñaki
El Siete (2.356 m), “El Expreso de Media Noche” (700 m, 70º, IV, M4)


Una vez más sigo arreglándomelas para atarme a gente mucho más fuerte que yo. Y lo cierto es que ya me ha pasado unas cuantas veces. En esta ocasión con el gran Kico Cerdá, un máquina.
En este invierno de verdad que nos ha tocado, las ventanas de buen tiempo han sido escasas. Este sábado daban una, pero breve, y lo cierto es que cuando llegamos a Torrebarrio a las siete de la mañana ya caían copos de nieve de algunas nubes circulando entre el cielo despejado del amanecer.
En el pueblo coincidimos con Fer, que venía con un cliente y con nuestra misma vía objetivo.  Esto ya lo teníamos hablado previamente. Tras prepararnos salimos hacia el monte en plan ligero: una sola cuerda de triple homologación y un rack de material seleccionado.


La aproximación desde el mismo pueblo fue sobre buena nieve, tratando de alcanzar a Fer e Iñaki, que nos sacaban un trecho. Adelantamos primero a unos portugueses algo despistados, con casco en la mochila pero sin piolet (¿??), que no sabían hacia dónde podían tirar. Les orientamos y recomendamos. Pasan pocas cosas para lo que se ve…
Las palas finales hasta el pie de vía se hacen pesadas, pero por fin llegamos. Iñaki está ya asegurando a Fer. Nosotros arrancamos sin encordar los primeros largos. El ambiente es muy guapo: nieve dura, cielo cubierto y trapeando, coladas de polvo bajando de las paredes superiores… Alpinismo.


Después de lo que serían unos tres o cuatro largos de croquis, llegamos a un flaqueo con una cornisa que pide cuerda. Nos atamos y sale Kico a toda mecha. Ya hemos adelantado a los amigos. 



La vía prosigue por un corredor amplio sobre una nieve estupenda. A tope de cuerda Kico se ha atechado bajo unos desplomes donde monta una reunión muy estética. 


Cuando llego yo, Fer me viene siguiendo de cerca, así que salgo directamente a por la travesía a izquierdas que nos llevará bajo el largo clave. El ambiente sigue interesante, y nos preguntamos qué fue de la ventana anunciada.
A tope de cuerda monto una reunión con dos tornillos. Algo casi insólito en nuestras latitudes, y hasta poco recomendable como me hace ver Fer cuando llega y sanea un poco para meter un clavo de roca adicional, que somos cuatro y tenemos debajo mucho gas…




Sale el gallo a por el largo clave, y como pasa cuando alguien va muy sobrado, se lo da por fuera de lo razonable, superando un paso mucho más difícil (al menos en las condiciones en que lo cogimos nosotros) que el natural unos metros más abajo y a la izquierda. Yo tengo que ayudarme de un seguro para levantarme en la chapa mínima posada en la llambria lisa. Fer se parte de risa sacándome fotos desde el mixto más lógico de la vía.



Desde aquí salimos los dos a una reunión cómoda bajo otros desplomes, y la vía se abre a las canales superiores. Estas son más fáciles, pero no menos bonitas: el encostrado de la roca y la excelente nieve dura le dan un ambiente muy estético. 




 

Eso sí, los seguros empiezan a ser escasos y muy alejados entre sí. Después de apurar dos tiradas y algo de ensamble, esperamos a los colegas en una cómoda repisa típica para vivaquear. Mientras comemos algo, el frío nos va apretando, el agua se hiela en las botellas...


Cuando llega Fernando arrancamos a por la cima desencordados de nuevo: el ensamble en estas condiciones es menos seguro para la cordada que escalar a pelo. Con viento y algo de nieve cayendo hacemos cumbre. Es muy alpino el Siete en todas sus vertientes. Por debajo se asoman los Portillines y Cuevapalacios, al Norte las paredes del Fontán, y hacia atrás la línea alpina de los Castillines.
Al rato llega Fernando, y detrás no mucho después Iñaki. Estamos contentos por la ascensión: la vía es muy buena y la hemos cogido en un día de alpinismo de curtir. Nosotros la hemos encontrado fácil de condiciones por la carga y la calidad de la nieve, otra cosa sería más pelada… En todo caso, totalmente recomendable.


No nos recreamos demasiado y salimos destrepando con cuidado hacia el Tercer Castillín, que se ve entre girones de niebla. La bajada es por otra vía de escalada, que aunque mucho más sencilla exige el doble piolet y la cara a la pared casi todo el tiempo.  Vamos destrepando con cuidado, la exposición es alta, buscando el itinerario y parando a esperar a los otros de cuando en cuando.

En un momento dado Kico y yo nos sentamos en un pequeño llano de la nieve a esperar a Fer e Iñaki. Y en este momento sucedió uno de los momentos de montaña más extraordinario de mi vida… Simplemente alucinante. Pero este será objeto de narración específica más adelante.


El resto de la bajada mantuvo la misma tónica: nieve helada, travesías para librar cortados y finalmente unos buenos tramos de culoski para bajar a la cuenca más llana donde paramos a comer, beber, y recoger los hierros. Las vistas a la vertiente fuerte de Ubiña en un día tan bonito son muy buenas. Recorremos con los ojos sus muchas vías, hoy desiertas para nuestra sorpresa.


Bajamos al pueblo charlando de mil cosas. Despedimos a Fer e Iñaki. Cerveza en San Emiliano y en casa a las siete. 

Gran día de montaña. Nuevo compañero en la agenda: menos mal, que no abunda la gente a la que le guste el barro, y Kico es todo un jabalí…

viernes, 16 de marzo de 2018

El jersey de mi abuela

Mi abuela se llama Regina. Dentro de poco cumplirá 93 años. Hasta hace un par de años vivía sola, era autónoma y funcionaba muy bien. En los últimos tiempos se le ha empezado a ir la cabeza, y ahora está en una residencia a la que voy a visitarla menos de lo que debiera. Algo de lo que seguramente me arrepentiré cuando ya sea tarde, como siempre pasa.
Lleva ya muchos años viuda, pero eso no la paró en absoluto: con los setenta cumplidos cruzó el charco varias veces para visitar a mi tía en Seattle, en la costa oeste de Estados Unidos, y hasta el otro día iba a Barcelona o a Sevilla a pasar temporadas. Cogía trenes, aviones, autobuses. Hasta hace dos años venía a mi casa a cenar en Nochebuena.
Con esa edad está claro que ha visto muchas cosas en su vida. Seguramente más de las que me puedo imaginar. Cuando ahora la voy a visitar, muchas veces tarda en reconocerme, o durante el rato que estoy con ella la cosa viene y va. Por los misterios de cómo funciona la cabeza parece recordar más sus tiempos mozos que los recientes, así que procuro llevarla a esas épocas y le pregunto por múltiples temas de cómo era la vida cuando ella era niña, o moza, la escuela, qué cosas se hacían, cuáles eran las alegrías y las dificultades. Y simplemente alucino con las cosas que me cuenta.

Le tocó vivir una época dura, en la que había poco. Poco de todo. Especialmente de dinero. Época en la que había que saber hacer muchas cosas que hoy en día ni siquiera nos planteamos. Y estoy llegando al tema: entre las mil cosas que hacía le tocó coser, hacer ropa para sus hijos e imagino que también para su marido y para ella. Y tuvo que tejer lana para hacer prendas de abrigo, primero por necesidad y ya luego más tarde, por gusto.

Yo soy su nieto mayor de los diez que tiene. Por circunstancias, tanto mi hermano como yo tuvimos mucha relación con ella. Por gusto me tejió a mí los jerséys de lana con los colores del grupo de montaña en el que empecé a dar mis primeros pasos por el monte allá por el año 82. Por entonces íbamos al monte en grupos de montaña, algo que está a la baja hoy día, que todos nos movemos en nuestros coches particulares y somos más independientes.  Los grupos, por entonces, aún tenían cierta reminiscencia del pasado y el tener un “uniforme” identificador era habitual: en el caso del Codema Aire Libre eran jerséys azul marino, con unas franjas horizontales blancas y rojas. 

Mi abuela me tejió muchos de estos a lo largo de los años, ya se sabe que los niños crecen rápido. Eran de lana gruesa que picaba un montón, pero que me protegieron del frío durante años, cuando los forros polares aún no habían llegado, o si habían llegado no había pasta para comprarlos. Además de los jerséys, también me tejió medias y pasamontañas (esos sí que picaban de verdad). Fui refinando mis peticiones y del cuello redondo le pasé a pedir uno de cuello alto con cremallera hasta el pecho. Y también me lo hizo. Y muy bien.



El caso es que, con motivo de una proyección de fotos de escaladas en Alpes que di hace unas semanas (la primera proyección seria de mi vida), estuve repescando fotos viejas, muchas de ellas diapositivas. Y sucede que de entre las muchas que repesqué, gracias a mi amigo Jorge Alonso, descubrí unas cuantas de mi primera ascensión en los Alpes, en 1994, el Cervino. 

De entre todas las fotos que recuperé de ese viaje, la que más ilusión me hizo fue una en la que aparezco con mi gran amigo Juaco (que parece un guaje), en el refugio Solvai, por primera vez en nuestra vida a 4.000 metros, así que con cierta cara de colocón, con mis relucientes botas dobles Scarpa, con mi mochila Artiach, con mi primer arnés, un Petzl Guru, pero sobre todo lo demás, con el jersey con los colores del Codema tejido por mi Abuela.

El próximo día que la vaya a visitar, tengo que comentárselo.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Los Lunes al Sol

Lunes 27 Noviembre 2017
Fernando Calvo, Martín Moriyón
Torre del Torco (2.452 m) “Los lunes al sol” (150 m,  III, 3) Nueva ruta invernal a la cara E


Esto del alpinismo invernal puede parecer algo rebuscado, complicado, poco natural. Los madrugones, el andar a oscuras por sitios solitarios, subirse a sitios resbaladizos, todo ese esfuerzo para nada…
Para nosotros es al contrario, en realidad es de lo más natural y simple. Tres amigos con sus mochilas, en las que llevan un par de cuerdas y unos pocos trastos de fierro, con los que pretenden sujetarse a la nieve, el hielo y la roca de la montaña, y si esta se deja, subirse hasta lo más alto en un afán infructuoso a ojos del 99% del personal, pero simplemente impagable para nosotros.

Hay veces que se alinean los astros y las cosas salen justo como quieres. Será casualidad, pero cada vez que quedo con estos dos chavales, ya sea juntos o por separado, suelen salir días memorables.
Que estando en noviembre ellos ya hubieran escalado la Norte Directa de Peña Santa dos semanas antes es ya un acontecimiento. La cita para probar suerte en una zona en teoría no tocada de la cara Este de la Torre del Torco se me hizo irresistible.


Un día entre semana de otoño no es probable encontrar gente por los Picos. Más aún si empiezas a caminar hacia las seis de la mañana. Pero es que, como bien dice uno de León, el Jou Santu se llama así porque está en casadios. A la luz de las frontales subimos hablando sin parar. Estos dos están como motos, pero a mí me han liberado de la mayor parte de la carga que me tocaría en deferencia a mi cadera, así que más o menos les sigo el ritmo… Menos mal.
El amanecer nos coge remontando a la Fragua: luces increíbles en la collada, me vienen recuerdos de vivacs gélidos hace muchos años...


Vamos caminando por estas laderas nevadas, sin huella apenas, con la incertidumbre de si estará o no en condiciones lo que deseamos escalar. Qué guapos son los Picos.


Cruzar el Jou Santu puede resultar peligroso en estas condiciones de nieve fresca aún sin transformar. Mirando hacia las distintas paredes que nos rodean puedes despistar el paso y meterte en uno de los muchos agujeros que la caliza tiene por esta zona…

Remontamos el zócalo inferior y salimos al sol de la mañana. La temperatura sube hasta hacernos sudar.
Vamos encarando la entrada del corredor que nos conducirá a las goulotes y las palas que pretendemos. La incertidumbre de si podremos pasar se mantiene. A simple vista, esta entrada parece llevadera, así que me adjudico el primero de la cuerda no vaya a ser que más arriba no me atreva…



Efectivamente la escalada transcurre en grados sencillos, y se deja proteger muy bien en roca. Dos resaltes entretenidos y unos 45 metros más tarde me encuentro en la base del corredor encajado por el que irá el segundo largo. Destapando roca consigo meter dos clavos de forma parcial, y un fisurero potente. Triangulo y aviso a los amigos que suben veloces y parlanchines.



Le toca ahora a Fer. La cosa pinta más delicada desde el comienzo. Una placa con nieve posada en la que hacer una travesía a la izquierda para acceder al canal. Crampones en roca, gancheos laterales de piolet, y delicadeza para acceder al buen hielo, ya en sombra de nuevo. Apura casi la totalidad de las cuerdas rápidamente.



Tras las voces de turno, Martín me precede resolviendo con la naturalidad y fuidez del que domina el arte del mixto (como también hizo Fer, aunque de primero ya se sabe que se llevan otras precauciones). Le sigo unos metros por detrás. Voy flipando con el largo: es precioso.



Nos reagrupamos bajo unos desplomes con una plataforma amplia de nieve. La salida claramente por la derecha, ya que la izquierda parece de roca continua compacta y vertical.
A nuestra espalda, la Peña Santa se alza espectacular. Nos demoramos en recorrer sus líneas, en buscar sus puntos flacos. Por la Forcadona asoma la cabeza de la aguja del Gato. Hacia el norte la Canal Parda, Traviesos…
Martín coge los trastos y arranca por una pendiente de nieve que termina contra caliza gris. Sin mucha contemplación ganchea, coloca seguros y desaparece de nuestra vista hacia lo que intuimos son placas tumbadas. Al cabo de un rato sus voces nos avisan de que ha montado reunión. Agradecemos volver a movernos: nos hemos quedado tiesos en esta parada. Los pasos del inicio del largo son mixtos aéreos, muy guapos. Después es más fácil aunque expuesto. Vamos recorriendo una pala de llambrias con nieve posada, pero Martín se las ha arreglado para meter seguros destapando la roca.




Este largo es realmente efímero y difícil de encontrar en estas condiciones: creemos que seguramente por eso no se haya escalado antes esta vertiente en condiciones invernales. Digamos que es la llave de la vía.


Nos reagrupamos en la arista, donde coincidimos con una de las salidas de la vía normal a cumbre.
Estamos haciendo lo que nos gusta, y se nota. Cachondeo permanente. Nuestra vía tiene solo tres largos para los que hemos hecho una aproximación de casi cinco horas. Pero no dudamos en que ha merecido, está mereciendo, la pena.
Me pongo yo de nuevo delante y estiro las cuerdas hasta la antecima por pendientes de nieve corcho helada. Perfecta. Cuando llegan Fer y Martín nos desencordamos para recorrer los cien metros de arista hasta la cumbre real.




Hace sol y frío pero apenas viento, y tenemos 360º de vistas para nosotros. Son las tres de la tarde y, aunque aún tenemos un largo camino de vuelta, no tenemos prisa.
Sentados en las mochilas compartimos comida mientras charlamos. Apreciamos lo muy afortunados que somos disfrutando todo esto en un día como hoy, lunes, y recordamos algún amigo ausente (yo me lo imagino tranquilamente sentado a mi lado, probablemente con la gorra algo torcida, y soltando de las suyas…).


Como todo llega y todo pasa, salimos destrepando con cuidado hasta el collado de la normal. Allí montamos un rápel y después de este un segundo. Luego tenemos que cruzar con cuidado las laderas, buscando nuestras huellas de la mañana.


Vamos recorriendo con la vista cada cumbre, cada pared, recordando momentos, siguiendo las escaladas abiertas, y soñando otras futuras.
El camino hasta la Fragua se hace llevadero con la luz del atardecer tiñendo las nubes hacia el mar. Son momentos mágicos de conexión con la montaña (¡y eso a pesar de la charla ininterrumpida, y el cachondeo constante!). Disparamos fotos sin parar.


Bajando hacia Vegarredonda la Luna amanece brillante entre los colmillos de los Argaos. Nos quedamos bobos viendo el espectáculo. Nuestras cámaras apenas son capaces de captar el momento.
Las frontales aparecen de nuevo para el tramo final del día.

Llegando abajo voy pensando en que no hemos dejado ninguna marca de lo que hemos hecho hoy, nada más allá de nuestros recuerdos y las fotos. Quizá como mucho algún cordino en un puente de roca, y si acaso más que nada por “mexar los felechos”…

Trece horas después de empezar esta mañana, nos quitamos las botas junto al coche.
De vuelta a Llovio, una parada en la gasolinera para pillar unos Aquarius y unas bolsas de patatas fritas nos convierten por un rato en los tíos más felices del hemisferio norte. Somos simples. Realmente.

Es todo un placer compartir montaña con estos dos elementos. Tengo mucha suerte.

Llovio 4:30 h
Pandecarmen 6:15 h
La Fragua 8:10 h
Pie de Vía 11:00 h
Cumbre 15:15 h
La Fragua 17:45 h
Pandecarmen 19:30 h