LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La Cepeda- El montaje de Juan

Hace unos días, mi amigo Juan me hizo llegar un montaje de fotos y vídeos cortos de la última escalada que hicimos juntos a la Este del Picu.
Fue en Noviembre hace ahora justamente dos años; cómo pasa el tiempo!

El caso es que está muy currado, se aprecia la gran calidad de la roca, la belleza del sitio, y sobre todo, lo muy bien que nos lo pasamos nosotros tres ese día, con todo el Picu para nosotros.

Muchas gracias Juan!

Cepeda 2015: el montaje de Juan




lunes, 13 de noviembre de 2017

Las Xanas con niños

Viernes 17 Marzo 2017
Desfiladero de las Xanas
Javi (7), Jimena (4)

Esta entrada se me había quedado olvidada como borrador. No todo es escalar.

El viernes es laborable, pero los colegios ajustan exceso de jornada dejando a los niños sin clase varios días en el curso; este es uno de ellos. Como dan buen tiempo, me cojo el día y pienso qué hacer con los pitufos.


La ruta de las Xanas es todo un clásico y está a poco coche de casa. Yo la hice hace muchos años, tantos ya que realmente no recuerdo nada.
Cuando aparcamos apenas hay otros dos coches más. Nos ponemos las botas de montaña, las gafas de sol, y salimos carretera arriba hacia el inicio de la excursión. A los cien metros del coche Jimena declara que “ya está cansada”… me pongo a temblar! Afortunadamente cambiamos de tema y seguimos caminando sin problemas.  Apenas cincuenta metros en el camino de piedras que nos aleja del asfalto, Javi declara que “tiene muchísima sed” y Jimena por su parte que “tiene hambre”…  me pongo a temblar de nuevo! Después de echar un trago y sacar una tortita de maíz para la rizosa, la cosa prosigue sin problemas.


Vamos remontando bastante respecto al coche y al río, cuando giramos después de un pequeño túnel excavado en la roca, ya podemos ver cómo el estrecho camino serpentea colgado de la ladera mientras el valle se va estrechando poco a poco.
La conversación es de lo más variado, temas muy entretenidos y sorprendentes a ratos, como corresponde cuando vas con dos cabezas de imaginación efervescente. Tengo que llevar a Jimena de la mano en muchos tramos porque aunque el camino es ancho, el corte hacia la derecha no recomienda dejarla sola, a merced de sus despistes o arrebatos. Esto es complicado porque ella reclama su libertad, y más aun viendo  a su hermano caminar a su aire unos metros por delante.


El camino va excavado en la ladera, los niños me preguntan qué son las marcas tubulares que han dejado los barrenos. Incluso en algún sitio, ha quedado un tubo completo de roca, que aprovechamos para pasar un palo adelante y atrás un rato. Continuamos el recorrido serpenteante, la ladera de enfrente a escasos metros en la zona más estrecha del desfiladero. El río ruge poderoso muchos metros por debajo, estallando en cascadas blancas. Llevamos un buen trecho y el hambre y la sed nos acosan de nuevo: saco otra vez la botella y las tortitas para apaciguar los ánimos. Ya vamos completando la zona más aérea, estamos entrando en el bosque, y aquí el camino es más seguro y los niños pueden ir jugando más a su aire.


Se ven restos de molinos, con sus canales para conducir el agua y sus redondas piedras, que yo trato de explicar con éxito relativo.


Cuando el famoso método de “en la siguiente curva” ya no me funciona, nos paramos en un recodo entre árboles y tocones musgosos. Sacamos las chaquetas para sentarnos encima de ellas. Los bocadillos de chorizo son devorados con avidez. Luego tortilla, actimeles, galletas… Está refrescando, así que nos ponemos ropa. Con la barriga llena, y como creo que ya estamos casi en Pedroveya, seguimos un rato el camino cuesta arriba, aunque no tardando mucho decido dar por finalizado el recorrido y emprender el regreso.
De vuelta, en una zona que lo permite, bajamos hasta el río a comprobar si el agua está muy fría.


El resto del camino de regreso sin incidencias, charlando de mil temas de lo más entretenidos, jugando a palabras encadenadas.


Llegando al coche acordamos (sin unanimidad) ir a tomar un helado a Villanueva. De regreso a casa, el calor del coche unido a la caminata nos pasa factura y tenemos que dejar reposar los ojos un rato… Angelitos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Arista NO Petit Astazú - Súperclásica pirenaica

14 Octubre 2017
Petit Astazú (3.012 m), Arista NO (700 m, IV+)
Nando del Pozo


Hay líneas que te llaman como imanes desde el valle. Se recortan atrayentes entre el sol y sombra de la tarde, invitando a ser escaladas. Como muchas veces me sucede, no importa tanto el grado o la fama de una vía, como la belleza intrínseca que puede tener. Esto a mí ya me viene de lejos y para muestra esta línea, que ya fue escalada allá por 1892. Más clásico es difícil de encontrar.

La había visto por primera vez en una foto de Fer, que venía de patear con clientes por la zona. Y también en otra de Bene. Me quedé con la copla. Después de leer posts de diferentes blogs y de gente variada que hablaban bien de ella, finalmente este fin de semana la pudimos hacer.
Los Astazus cierran el frente de cumbres de Gavarnie por su izquierda, Este. Son dos cumbres casi gemelas divididas por un corredor clásico de invierno, el Swan. La cima de la derecha, la del Petit, presenta una arista muy atractiva que cae por bastantes metros.
A medio verano ya habíamos intentado venir, pero las lluvias nos cambiaron el destino y la actividad. Esta vez el anticiclón parecía garantizado, y si bien los días ya son más fríos y mucho más cortos, nos vinimos con todas las ganas.
De camino en coche las temperaturas son altísimas para la época del año: alrededor de los treinta grados tanto en España como en Francia. No es hasta que pasamos Lourdes que la cosa empieza a bajar de los veinticinco.
Aparcamos en Gavarnie hacia las tres de la tarde. Rematamos las mochilas mientras comemos algo.
Llevamos una sola cuerda de 9 mm, ocho cintas, seis Friends y un juego de fisureros. Hacia las cuatro ya estamos caminando dirección al Circo, con nuestras mochilas ligeras, aunque no tanto como nos gustaría…


Vemos nuestro objetivo claramente, aparentemente lejos y alto. Salimos de la pista ancha que sube hacia el Circo cogiendo un sendero que se interna en un bosque. Primero es de hayas y algún abedul, para pasar luego a pinos. Los colores distraen de la cuesta. En una fuente casi a la salida de los árboles cargamos agua siguiendo la advertencia de una chica que nos avisó de que en el refugio no hay. Con un kilo y medio más seguimos ahora praderas arriba. Pasamos la cabaña Pailla unos cincuenta minutos después de dejar la pista del circo y comenzamos a remontar por camperas cada vez más pindias hacia el glaciar agonizante.


Llegando a la nieve vieja del glaciar pasamos algunos buenos puntos de vivac, pero preferimos continuar y aprovechar la luz que queda. El desagüe del glaciar es un buen manantial y podríamos habernos ahorrado 3 kilos de porteo cada uno.


A las siete y media estamos instalados en nuestra inmejorable atalaya: vistas hacia el Pimené, Gavarnie, Vignemale, Taillón… Por encima de nosotros la pared norte de los Astazus con el Swan cortando su mitad. La luz dorada del atardecer en esta atmósfera limpia destaca los perfiles en un espectáculo hipnotizante.


La noche llega rápida, y con ella miles de estrellas. La temperatura ha bajado hasta los dos grados, y después de cenar y charlar un rato, nos enroscamos en los sacos para dormir.
Es toda una sensación la de estar tapado hasta la nariz al calor de la pluma, notando el aire frío de la noche, y observar el chorro blanco de la Vía Láctea.
Amanecemos sin prisa, desayunamos y para las nueve ya estamos comenzando a trepar. No hace excesivo frío, pero yo llevo puesta la chupa sobre la camiseta.


La escalada es entretenida en todos sus largos. El croquis de Luichy se hace valer, como siempre.
No nos alcanza el sol en ningún momento: yo me pongo la capucha en las reuniones. A ratos, a medio largo, me paro a calentar las manos.


Vamos admirando la audacia de los primeros ascensionistas, hace nada menos que 125 años. Las vistas son inmejorables tanto hacia el valle como hacia las cumbres vecinas.


La roca es variada: en general muy buena, aunque siendo cara norte exige atención. El recorrido, siendo bastante evidente, obliga a interpretar en algunos puntos. Hay pasos que realmente obligan a escalar.



El pensamiento me vuelve entonces a esos primeros ascensionistas, a saber con qué calzado y equipo, que se subieron por aquí sin saber qué les deparaba el siguiente tramo… Ambos venimos disfrutando mucho.




Con los largos la mochila se va haciendo notar: llevamos a la espalda el saco, esterilla, botas, comida y agua (más de la necesaria seguramente).



Salimos por fin a la cumbre (y al sol) hacia las tres de la tarde: unas seis horas desde el comienzo. Trece largos y unos setecientos metros. Desde aquí las vistas se amplían hacia el sur con el Cilindro, el Perdido, Pineta, Neouville… debajo, el lago de Marboré con ese azul extraño de los lagos de montaña rodeados de roca. Barajamos la opción de subir al Gran Astazú, pero la escala de los Pirineos se hace presente: la desechamos pensando en la gran vuelta que aún tenemos por delante y las horas de luz disponibles.


Después de unas fotos nos tiramos hacia el Col de Astazú. Desde aquí sale una bajada más directa hacia el norte, que seguramente nos ahorraría varias horas, por las llamadas Rocher Blanches. Nosotros vamos a ir por Tucarroya y la Horquette D´Alans para volver girando a Espuguettes.





Enfocamos por tanto hacia el lago de Marboré. El camino hasta el lago recorre un paisaje de montaña espectacular, con las vistas hacia el Cilindro, el Perdido y su glaciar colgado, el balcón de Pineta…  Rodear el lago en el caos de bloques es a la vez, por contradictorio que parezca, tedioso y entretenido.

El refugio de Tucarroya está colgado en un collado estrecho entre paredes y aristas: parece un sitio muy extraño para poner un refugio. Al llegar nos encontramos allí con bastante gente que va a pasar la noche. Nos abrigamos de nuevo y salimos hacia abajo para el otro lado en sombra: es este un tramo bastante desagradable de caminar, primero porque la letrina del refugio es el mismo camino, más tarde porque hay cuesta y está muy suelto. Al terminar esa zona paramos a comer un poco y descansar. Nos queda una hora de luz. Tenemos por delante otro tramo de canchal que desemboca en grandes praderías con vistas hacia el valle de Estaube, por las que subiremos cómodamente en zetas hasta la Horquette D´Alans.


La luz declina cuando llegamos al collado. Luces naranjas contra perfiles alpinos.  Un espectáculo.
El tramo final hasta el refugio ya lo llevo peor, arrastrando bastante la pierna, como diría un colega, estilo “walking dead”. Llegamos a las ocho de la tarde, casi teniendo que sacar la frontal. Hay bastante gente por la zona, pero el soportal del refugio está entero para nosotros.


Noche más cálida que la anterior. Nos levantamos con calma, desayunamos algo y salimos para abajo. El paseo hasta el pueblo se nos hace corto, así que todavía nos acercamos un poco hacia el Circo, para coger perspectiva. Espectacular.


De regreso en el pueblo nos tomamos una temprana cerveza (son las once de la mañana), muy merecida a nuestros ojos. Compramos un poco de queso y embutido locales y arrancamos de vuelta para casa.

Gran fin de semana. De los de recordar. Actividad totalmente recomendable. Pirineos nunca defrauda.
Ahora a planear la siguiente.

viernes, 20 de octubre de 2017

Suave como una malva

Ese día que te sientes fuerte, valiente, capaz, poderoso, superior... nada mejor que echarte un rato leyendo alguno de los clásicos para bajarte el pistón. 
En seguida te das cuenta de que tus logros, lejos de ser proezas, no son más que meros calentamientos (o ni siquiera) para algunos. 

Unas sugerencias a las que acudo de vez en cuando (incluso sin sentirme fuerte): 


"Travels in Alaska" de John Muir 

"Los conquistadores de lo inútil" Lionel Terray 
"Free Spirit" dee Reinhold Messner 
"Un día como un Tigre" sobre la vida de Alex Mckyntire 
"Beyond the mountain", de Steve House 
"Montañas de una Vida" de Walter Bonati 
"Mi mundo vertical" Jerzy Kukuczka
"Besa o mata" de Mark Twight

Un par de capítulos de cualquiera de ellos y oye, quedas suave como una malva.

viernes, 6 de octubre de 2017

Claro de Luna

Sábado 2 de Septiembre 2017
Ramón Turrado
Vía “Claro de Luna” (220 m, 6a+) al primer Poyón


Hace un par de años, en una salida por la zona con Alberto Boza, traíamos el croquis de esta vía aunque después terminamos en otras cosas. Desde entonces la tenía en la cabeza, así que cuando el jueves Mon me comentó si me apetecía hacerla, no lo dudé.
Primer sábado de septiembre. El coche marca 5 grados cuando aparcamos en Pandecarmen, lleno de coches como pocas veces. Mon, que es duru, sale ya del coche en camiseta. Yo arranco de forro, no me vaya a resfriar… Sabemos que llevamos delante a Emilio, Julio y Carlos, aunque no sabemos cuánto delante. Mon sale a ritmo a ver si nos juntamos con ellos. No será hasta alcanzar el refugio viejo (menos mal, que yo iba con la lengua fuera, y eso que no paraba de sacarle temas para que hablara, a ver si aflojaba el ritmo!). Una vez juntos, el paso lo marca Emilio, y la cosa se hace más llevadera. Para cuando llegamos al pie de vía han pasado dos horas y cuarto.
La vía se ve entera: tiene una buena estampa, siguiendo los paños más compactos y verticales del muro Este del primer Poyón.


Los colegas han derivado al Norte a rodear la torre: van a hacer la integral que yo hice con Juaco en Mayo, y de la que nos echó la lluvia sin poder completarla con el Requexón.
Mon ya ha hecho la vía tres veces, así que me deja escalar delante lo que quiera.
Después de prepararnos, arranco yo decidido a por el primer largo.


La roca compacta, súper adherente, con pocos seguros fijos, y cotada de 6a. Tras superar unos diez o doce primeros metros sencillos, y después de chapar un parabolt, la zona clave es un tramo de canalizo bastante vertical. Hay que de remontar unos cinco metros sin mucha posibilidad de proteger, hasta que consigues lazar un buen puente de roca. Hay canto y el tacto es perfecto. Sólo hay que llevar la cabeza tranquila. A continuación se remonta hacia un pequeño desplome que se supera hacia su izquierda. Ya a unos cincuenta metros del arranque se alcanza otro parabolt en un pequeño nicho: el croquis lo marca como reunión, pero siguiendo las instrucciones de Mon continúo superando una zona de transición fácil que le hace a él arrancar en ensamble por unos metros.
El largo es realmente bonito. Solo por esta tirada ya merecería la pena la vía. Pero para arriba también es muy buena, como estoy a punto de comprobar.
Mon tira el segundo largo, pensando que era el de transición. Es un diedro, primero de mucho canto y vertical, para luego derivar a la izquierda por una fisura más tumbada. Sin seguros fijos. Muy estético. Una pena, porque es también muy bueno y hubiera disfrutado mucho de primero. A cambio, tengo buenas fotos posando de segundo!


A nuestra izquierda y arriba, Julio se remonta por el largo clave de la integral, en cara norte, al segundo Poyón. Se ve ambiente allí.
Para nosotros, el siguiente largo arranca más vertical y concentra la dificultad en un muro de unos seis metros: 6a con varios parabolts y algún clavo. La roca es más de mirar. Vuelvo a tirar delante y a disfrutar mucho.
Mon enrollao sigue ceciéndome la delantera: El cuarto largo sale por un diedro tieso, para continuar haciendo un espolón compacto: la roca vuelve a ser excelente. Dos clavos y un parabolt. Se deja complementar muy bien con cacharros. El croquis marca hasta 6b, aunque por donde yo lo doy no llega (salgo del parabolt final un metro a la derecha, que parece más lógico).


 Solo nos queda un largo para terminar, más fácil, pero aún en el V+ y guapo. Lo recorro rápidamente y llego hasta la cumbre donde monto reunión con la propia cuerda lazando un bloque.
Mon llega cantando.


Hemos tardado dos horas y cuarto. Muy bonita vía, bien abierta y muy recomendable. Seguros fijos los justos, con buenas posibilidades de protección natural. Pena que no tenga otros seis largos más!



Esta zona de los Picos me encanta, por tranquila y bonita. Con calma recogemos las cuerdas y destrepamos el tramo de arista hasta donde arranca la normal hacia el Oeste.


Volvemos a recuperar las cosas que dejamos al llegar, y seguimos por el Llagu hacia el Porrubolu y de este, valle abajo hasta casa de Malo, donde nos tomamos una cerveza al sol.
Hacia las cinco estamos ya en el coche, muy contento a pesar del chirriar de la cadera.
He escalado de primero muy tranquilo, disfrutando de verdad.
Un día perfecto gracias a la agradable temperatura, la calidad de la vía y el entorno, y por supuesto y por encima de lo demás, a la compañía. Todo ello ha contribuido a una gran jornada de montaña.


Gijón 7:00 h
Pandecarmen 8:40 h
Pie de vía 11:00 h
Cumbre 13:15 h
Vegarredonda 15:40 h
Pandecarmen 17:00 h
Gijón 19:00 h

viernes, 22 de septiembre de 2017

Bodas de Plata

Verano 1992

Rubén Díaz Gutiérrez, Iñaki Diez Maneiro, Alejandro Seoane, Iván Blanco...
Urriellu, Canalona, Coteros, Peña Santa, Tajahierro, Porrubolu, Tercer Castillín...

Érase una vez hace veinticinco años… Yo tenía diecisiete por entonces.

Llevaba poco más de un año escalando; básicamente en escuela (antes, a las zonas de escalada deportiva se las llamaba escuelas, porque la escalada “de verdad” era otra, en montaña).
Este verano, empecé a escalar en montaña.

Montañero desde niño, la atracción de las cumbres me dominaba. Y de entre las cumbres, por cercanía y por mito, estaba por supuesto el Naranjo, el Picu.

El 28 de Junio tuve mi bautismo en escalada en montaña: había hecho mi primera vía alpina en la zona de Ubiña. Fue la vía San Claudio al Tercer Castillín (180 m, V+), con Rubén y con Ramón Juidía. Allí Rubén tiraba de primero, metía clavos, organizaba, tenía experiencia. Ramón me indicaba a mí las cosas en las que debía fijarme.
En aquella ocasión había ido toda la vía de segundo.

Con trece o catorce años había estado en Vega Urriellu con unos amigos.  Recuerdo estar allí sentado en una piedra, mirando pa la tapia flipaocon la boca abierta, identificando las pequeñas figuras de escaladores que por ella se movían como hormigas. Me quedé impactado. Cuando más tarde empecé a escalar, tenía claro que allí quería subirme.

Llevábamos subiendo a la Vega Urriellu tres fines de semana seguidos. Los dos primeros, el tiempo no acompañó. Era temprano en la temporada y recuerdo estar con mi amigo y tocayo Diego vagando perdidos por la nieve del Jou tras el Picu, en mitad de una niebla que podías cortar con cuchillo. Resistiéndonos a retirarnos hasta el último momento. Al siguiente fin de semana llovía,  otra vez para abajo con el rabo entre las piernas.
Al tercer fin de semana, por fin, el tiempo era mejor.
El día antes subimos Rubén y yo al refugio y matamos la tarde por allí, yo nervioso con la escalada del día siguiente. Rubén y yo nos conocimos en las excursiones del club Torrecerredo. Un tío muy majo y fuerte deportista. Habíamos subido el material que teníamos, poco. En mi caso seguramente cosas prestadas. Quizá incluso el arnés. No tenía nada. Nada, menos ganas y empuje.

Madrugamos y salimos Celada arriba con prisa por ser los primeros en la vía: la Directa de los Martínez (180 m, IV+). Al llegar nos preparamos y sorteamos quién tiraba: yo estaba allí para escalar, no para que me subieran. La escalada la recuerdo vagamente, pero lo que sí recuerdo era el buen rollo entre nosotros, cómo resolvíamos sin problema los largos, y las maniobras en las reuniones fluidas. Al llegar arriba, la grandeza del escenario histórico. En la cumbre, la Virgen. No la de ahora, ni la anterior, sino la anterior a esas dos.

No tengo fotos: yo desde luego no tenía cámara, y creo que Rubén tampoco.

Fue llegando más gente y nosotros nos fuimos hacia los rápeles. Volví a casa feliz. Creo que yo ya estaba por entonces enganchado a la montaña y a la escalada. Aquel 19 de Julio fue un día muy especial.

Una semana después escalé con Alejandro en la Aguja de la Canalona, y en la torre de los Coteros Rojos. Luego en Tajahierro… El Porrubolu con Iván, con su padre y con Iñaki,  con aventura previa incluida... Semana tras semana, al monte, a caminar o a escalar. Sin fallo.

Al mes siguiente, en agosto, hice mi primeravía en la cara Este del Picu: la Martínez-Somoano (280 m, V+), con Iñaki, en su primera escalada al Picu. A largos. Desde entonces fuimos cordada.

Ya en septiembre Iñaki y yo hicimos nuestra primera vía larga de verdad: la Sur clásica a Peña Santa de Castilla (600 m V). A largos. Éramos dos mindundis. Cómo lo pasamos de bien!

Al año siguiente, en Junio, nuestra primera Oeste, ya con Miguelón. La Leiva. A largos. Siempre.

La única foto que tengo de todo ese verano de escaladas es esta que me sacó Alejandro en la cumbre de la Canalona, camisa de franela y pies colgando al vacío…


Así que, desde hace ya veinticinco años, Bodas de Plata, de cuando en cuando, aún me da por ir a subirme por las rocas. Será que lo paso bien.

Para mí sin duda fue un verano mágico el del año 92.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Irati, Ziordia, Eguino

Domingo 6 Agosto 2017
Nando del Pozo,
Vía Irati (220 m, V), Ziordia

Salimos de Huesca envueltos en nubes gris marengo, que a ratos descargaban abundantemente, como venían haciendo desde media tarde del sábado. No había motivo para quedarse allí, y si apurábamos el viaje aún podíamos intentar escalar algo en Eguino.


El caso es que son kilómetros, y que para cuando llegamos a Ziordia y entramos a buscar el camino que nos lleve a la cantera de referencia, y por fin nos bajamos del coche, son casi la una de la tarde.
Aquí hace buen día, se ve el cielo azul, pero algunas nubes circulan a gran velocidad. La temperatura es agradable para estar aquí en agosto. No hace calor.



Salimos caminando hacia arriba y en poco más de diez minutos estamos en el pie de vía. A nuestra izquierda se levanta estético el Espolón de Ciordia. Este quedará para otro día, el croquis que traemos es de la vía Irati, menos evidente y clásica, pero muy adecuada para nosotros hoy, que venimos muy justos de tiempo. Nos preparamos y empezamos a trepar a la una y veinte.

Arranca la escalada Nando, por una zona muy tumbada y con bastante vegetación. Estira unos cuarenta metros para llegar a una reunión cómoda.
El segundo largo sigue la tónica, algo más vertical pero fácil, con seguros fijos de cuando en cuando, ya sean parabolts o puentes de roca equipados.


Salgo yo después a por el tercero, que deriva hacia la derecha. Misma tónica, más vertical pero con mucho canto. Algún tramo que la roca suena a hueca y que conviene que se vaya saneando algún bloque.




El cuarto largo es de transición, caminando hacia la izquierda por una zona de terrazas hasta alcanzar la base de las placas llamativas que se ven desde abajo. Aquí se ve más estético: roca compacta, de calidad, y que se eleva por bastantes metros. Sale Nando a por ello y resuelve rápidamente, quinto largo.


Por encima de nosotros los buitres planean gráciles. A la izquierda una cordada va saliendo del espolón clásico.
Cuando llego, Nando me pasa los trastos, hay unos metros a autoasegurar ahora. Después se ven unos cuantos metros por un muro con una chorrera que nos recuerda a Fresnidiello en Picos. Eso sí, con chapas. Efectivamente, después de remontar unos diez metros de fisuras fáciles, me levanto por un muro con una canalizo poroso enel que hay que escoger la mejor presa, roma y caída, de entre las muchas que ofrece. Los pies en apoyos cómodos. Después de unos cinco o seis metros se hace más fácil. Los parabolts a distancia cómoda. Se termina y sigo navegando por un tramo fácil que me lleva al último relevo.


Nando viene disfrutando, al llegar sale a por lo que parecen los últimos metros.
En cinco minutos estamos arriba.

Vía rápida, fácil y disfrutona. Pena el exceso de vegetación. Son las tres y cuarto. Algo menos de dos horas para estos siete largos fáciles.
Bajada algo tétrica por la intimidante cantera.

A las cuatro en el coche para continuar viaje a casa. Buen punto este  para cortar el viaje y trepar algo. Para repetir.