LA MONTAÑA COMO PASIÓN, COMO ESCENARIO INFINITO SOBRE EL QUE DISFRUTAR INTENSAMENTE DE LA VIDA,
DONDE ESCALAR, ESQUIAR, PEDALEAR, CORRER, CAMINAR...
DONDE LOS AMIGOS, EL ESTILO Y LAS FORMAS CUENTAN, Y MUCHO

viernes, 22 de septiembre de 2017

Bodas de Plata

Verano 1992

Rubén Díaz Gutiérrez, Iñaki Diez Maneiro, Alejandro Seoane, Iván Blanco...
Urriellu, Canalona, Coteros, Peña Santa, Tajahierro, Porrubolu, Tercer Castillín...

Érase una vez hace veinticinco años… Yo tenía diecisiete por entonces.

Llevaba poco más de un año escalando; básicamente en escuela (antes, a las zonas de escalada deportiva se las llamaba escuelas, porque la escalada “de verdad” era otra, en montaña).
Este verano, empecé a escalar en montaña.

Montañero desde niño, la atracción de las cumbres me dominaba. Y de entre las cumbres, por cercanía y por mito, estaba por supuesto el Naranjo, el Picu.

El 28 de Junio tuve mi bautismo en escalada en montaña: había hecho mi primera vía alpina en la zona de Ubiña. Fue la vía San Claudio al Tercer Castillín (180 m, V+), con Rubén y con Ramón Juidía. Allí Rubén tiraba de primero, metía clavos, organizaba, tenía experiencia. Ramón me indicaba a mí las cosas en las que debía fijarme.
En aquella ocasión había ido toda la vía de segundo.

Con trece o catorce años había estado en Vega Urriellu con unos amigos.  Recuerdo estar allí sentado en una piedra, mirando pa la tapia flipaocon la boca abierta, identificando las pequeñas figuras de escaladores que por ella se movían como hormigas. Me quedé impactado. Cuando más tarde empecé a escalar, tenía claro que allí quería subirme.

Llevábamos subiendo a la Vega Urriellu tres fines de semana seguidos. Los dos primeros, el tiempo no acompañó. Era temprano en la temporada y recuerdo estar con mi amigo y tocayo Diego vagando perdidos por la nieve del Jou tras el Picu, en mitad de una niebla que podías cortar con cuchillo. Resistiéndonos a retirarnos hasta el último momento. Al siguiente fin de semana llovía,  otra vez para abajo con el rabo entre las piernas.
Al tercer fin de semana, por fin, el tiempo era mejor.
El día antes subimos Rubén y yo al refugio y matamos la tarde por allí, yo nervioso con la escalada del día siguiente. Rubén y yo nos conocimos en las excursiones del club Torrecerredo. Un tío muy majo y fuerte deportista. Habíamos subido el material que teníamos, poco. En mi caso seguramente cosas prestadas. Quizá incluso el arnés. No tenía nada. Nada, menos ganas y empuje.

Madrugamos y salimos Celada arriba con prisa por ser los primeros en la vía: la Directa de los Martínez (180 m, IV+). Al llegar nos preparamos y sorteamos quién tiraba: yo estaba allí para escalar, no para que me subieran. La escalada la recuerdo vagamente, pero lo que sí recuerdo era el buen rollo entre nosotros, cómo resolvíamos sin problema los largos, y las maniobras en las reuniones fluidas. Al llegar arriba, la grandeza del escenario histórico. En la cumbre, la Virgen. No la de ahora, ni la anterior, sino la anterior a esas dos.

No tengo fotos: yo desde luego no tenía cámara, y creo que Rubén tampoco.

Fue llegando más gente y nosotros nos fuimos hacia los rápeles. Volví a casa feliz. Creo que yo ya estaba por entonces enganchado a la montaña y a la escalada. Aquel 19 de Julio fue un día muy especial.

Una semana después escalé con Alejandro en la Aguja de la Canalona, y en la torre de los Coteros Rojos. Luego en Tajahierro… El Porrubolu con Iván, con su padre y con Iñaki,  con aventura previa incluida... Semana tras semana, al monte, a caminar o a escalar. Sin fallo.

Al mes siguiente, en agosto, hice mi primeravía en la cara Este del Picu: la Martínez-Somoano (280 m, V+), con Iñaki, en su primera escalada al Picu. A largos. Desde entonces fuimos cordada.

Ya en septiembre Iñaki y yo hicimos nuestra primera vía larga de verdad: la Sur clásica a Peña Santa de Castilla (600 m V). A largos. Éramos dos mindundis. Cómo lo pasamos de bien!

Al año siguiente, en Junio, nuestra primera Oeste, ya con Miguelón. La Leiva. A largos. Siempre.

La única foto que tengo de todo ese verano de escaladas es esta que me sacó Alejandro en la cumbre de la Canalona, camisa de franela y pies colgando al vacío…


Así que, desde hace ya veinticinco años, Bodas de Plata, de cuando en cuando, aún me da por ir a subirme por las rocas. Será que lo paso bien.

Para mí sin duda fue un verano mágico el del año 92.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Irati, Ziordia, Eguino

Domingo 6 Agosto 2017
Nando del Pozo,
Vía Irati (220 m, V), Ziordia

Salimos de Huesca envueltos en nubes gris marengo, que a ratos descargaban abundantemente, como venían haciendo desde media tarde del sábado. No había motivo para quedarse allí, y si apurábamos el viaje aún podíamos intentar escalar algo en Eguino.


El caso es que son kilómetros, y que para cuando llegamos a Ziordia y entramos a buscar el camino que nos lleve a la cantera de referencia, y por fin nos bajamos del coche, son casi la una de la tarde.
Aquí hace buen día, se ve el cielo azul, pero algunas nubes circulan a gran velocidad. La temperatura es agradable para estar aquí en agosto. No hace calor.



Salimos caminando hacia arriba y en poco más de diez minutos estamos en el pie de vía. A nuestra izquierda se levanta estético el Espolón de Ciordia. Este quedará para otro día, el croquis que traemos es de la vía Irati, menos evidente y clásica, pero muy adecuada para nosotros hoy, que venimos muy justos de tiempo. Nos preparamos y empezamos a trepar a la una y veinte.

Arranca la escalada Nando, por una zona muy tumbada y con bastante vegetación. Estira unos cuarenta metros para llegar a una reunión cómoda.
El segundo largo sigue la tónica, algo más vertical pero fácil, con seguros fijos de cuando en cuando, ya sean parabolts o puentes de roca equipados.


Salgo yo después a por el tercero, que deriva hacia la derecha. Misma tónica, más vertical pero con mucho canto. Algún tramo que la roca suena a hueca y que conviene que se vaya saneando algún bloque.




El cuarto largo es de transición, caminando hacia la izquierda por una zona de terrazas hasta alcanzar la base de las placas llamativas que se ven desde abajo. Aquí se ve más estético: roca compacta, de calidad, y que se eleva por bastantes metros. Sale Nando a por ello y resuelve rápidamente, quinto largo.


Por encima de nosotros los buitres planean gráciles. A la izquierda una cordada va saliendo del espolón clásico.
Cuando llego, Nando me pasa los trastos, hay unos metros a autoasegurar ahora. Después se ven unos cuantos metros por un muro con una chorrera que nos recuerda a Fresnidiello en Picos. Eso sí, con chapas. Efectivamente, después de remontar unos diez metros de fisuras fáciles, me levanto por un muro con una canalizo poroso enel que hay que escoger la mejor presa, roma y caída, de entre las muchas que ofrece. Los pies en apoyos cómodos. Después de unos cinco o seis metros se hace más fácil. Los parabolts a distancia cómoda. Se termina y sigo navegando por un tramo fácil que me lleva al último relevo.


Nando viene disfrutando, al llegar sale a por lo que parecen los últimos metros.
En cinco minutos estamos arriba.

Vía rápida, fácil y disfrutona. Pena el exceso de vegetación. Son las tres y cuarto. Algo menos de dos horas para estos siete largos fáciles.
Bajada algo tétrica por la intimidante cantera.

A las cuatro en el coche para continuar viaje a casa. Buen punto este  para cortar el viaje y trepar algo. Para repetir.

jueves, 17 de agosto de 2017

BTT en el Pirineo: Valle de Gistaín

Sábado 5 Agosto 2017
Nando del Pozo,
Circular BTT: San Juan de Plan (1.118 m), Gistaín (1.378 m), Collado de la Cruz de Guardia (2.100 m), Collado de Pardinas (2.261 m), Plan de Mozarro, La Sargueta, San Juan de Plan (1.200 m)
34 km, 1.100 m positivos


La previsión hablaba de tormentas, y lluvias generalizadas. El plan original de ir a escalar por Francia en la zona de Gavarnie quedó pospuesto. Llevamos los trastos de trepar, pero añadimos las bicicletas por si acaso. Conforme viajábamos, en la cabeza ya se afianzaban los objetivos: sábado ruta BTT que Nando ya tenía planteada hace tiempo por la zona de Gistaín, y al día siguiente, si se podía, intentar una cumbre de tresmil (que nosotros ante todo somos montañeros): aquí estaba el Culfreda o el Bachimala como opciones.
El viernes llegamos bastante tarde al camping, apurando la hora de corte. Pero aún nos pudimos tomar una birra en la terraza después de instalarnos. Mientras nos comíamos una empanada viendo el mundial de atletismo en pantalla gigante. Esto a las once y media de la noche y con una temperatura agradable después de los treinta y cinco que alcanzó el termómetro esa tarde. Vivan los campings españoles.
Amaneció azul aunque con nubes veloces circulando. Hacia las siete y media estábamos desayunando sigilosos.
El trayecto de coche hasta San Juan de Plan fue breve. En seguida estábamos preparando las bicicletas y las escuetas mochilas: chubasquero y cuatro cosas de comer.


Salimos cuesta arriba desde el primer metro: en 2.5 km de asfalto remontamos 250 m hasta Gistaín. Desde aquí abandonamos el asfalto para el resto de la jornada: tomamos una pista a la derecha que nos saca del pueblo hacia el mirador de la Cruz de Puyadase. Aprovechamos aquí para rellenar bidones, que el sol cuando sale aprieta de lo lindo y uno nunca sabe lo que le va a deparar el día.
Seguimos remontando un tramo de bosque en el que agradecemos la sombra. La pendiente diría que es más suave que antes en el asfalto. Subimos serpenteando hacia un valle redondeado, de amplios prados salpicados de cabañas. Es idílico (cuesta arriba, pero idílico).
La pista no da tregua, pero tampoco tiene repechos, casi siempre nos sobran dos o tres piñones y eso es señal de que no estamos apretando. El cielo se cubre a ratos, y las nubes que vienen del Este son cada vez más densas y oscuras. Todo apunta a que vamos a mojarnos.




Vemos aparecer por encima a dos tíos en bici bajando veloces. Cuando nos cruzamos nos dicen que viene del collado de la Cruz. Luego sabremos cuál es, a menos de la mitad de nuestro recorrido de hoy.
Empieza a gotear. Luego empieza a ser más que gotear. Llueve. No obstante, con el calor que hace, hasta se agradece. No ponemos la chupa. Seguimos remontando la pista, que sigue ganando metros de manera continua. Pasamos el collado de las Fuens, donde nuestra pista desvía a la derecha. De frente baja a otro valle que parece tirar hacia Plan.
Ha parado de llover y está cubierto, así que el calor afloja y vamos hablando sin parar. Llegamos al cabo de un rato al collado de la Cruz de Guardia. Aquí llevamos 1000 metros de desnivel directo.


Las vistas son muy chulas: las cumbres de delante, Punta Maristás y Pico de L´Orbar invitan a su ascensión. Hacia Poniente, todo el valle de Pineta, espectacular, con su cascada al fondo que se identifica claramente a pesar de la distancia.

Encima el grupo del Perdido, donde íbamos a estar hoy escalando, está cubierto con una gran nube enganchada. Girando hacia el norte y el este, un montón de cumbres que Nando me va identificando. Más cerca, Punta Suelza, y a su derecha se intuye el collado al que tenemos que subir para dejarnos caer dirección Biadós.

Continuamos por la pista ahora casi llana. Al cabo de un rato la abandonamos para remontar caminando por la ladera con objeto de ganar el collado de la forma más suave posible. Son unos veinte minutos en los que apenas ciclamos algún tramo, pero no se hacen duros.


En el collado de Pardinas (2.261m) sopla viento fuerte y hay un pastor eléctrico a sortear. Es nuestro punto más alto del día. Nos tiramos a comer algo y disfrutar las vistas: un buen rebaño de vacas, el primero que vemos en todo el día, pasta tranquilamente por debajo de nosotros.


La bajada en el primer tramo es algo trialera, con hierba alta, huecos y alguna piedra. Hay bastantes madrigueras de marmotas. Una vez conseguimos bajar hasta el plano del valle, llamado Plan de Mozarro, tomamos unas huellas de  todoterreno en el prado que nos llevan veloces ya hasta una solitaria cabaña.


Nos encontramos aquí a otro grupo de beteteros que vienen haciendo una ruta similar pero en dirección contraria. A partir de este punto, la pista es buena, ancha y nos deja bajar rápido. El sol está saliendo de nuevo y aprovechamos para darnos un chapuzón en una poza el arroyo.


El agua no está nada fría para ser un regato de montaña. Renovados con el baño seguimos para abajo.
Vistas preciosas, valles, cumbres, cascadas… Llegamos así a la pista de Biadós desde donde emprendemos el tramo final hacia el coche, siembre bajando ya.



Gran ruta, precioso recorrido y pista muy llevadera para el desnivel que se asciende.
Hemos tenido suerte con el tiempo. No ha llovido apenas, y tampoco nos ha molestado el calor o el sol.


Esa tarde, después de bañarnos en el río junto al camping, cayó una tormenta tremenda, con granizo de tamaño considerable. Y por la noche igual, pero más tiempo y más intenso. En esos mismos momentos en Benasque, tuvieron que desalojar a un buen grupo de gente que se vio sorprendida por las crecidas de los torrentes que se llevaron tiendas de campaña y demás enseres… Y es que los Pirineos son una cordillera de un tamaño considerable, y sus fenómenos meteorológicos proporcionales…


Cena en Aínsa. Fenomenal.

lunes, 17 de julio de 2017

Calor extremo en Franceses, agonizando por la caliza

Domingo, 18 Junio 2017
Peña Vieja (2.613 m), Espolón de los Franceses (600 m, V)
Kike Díaz


Kike y yo nos conocemos hace bastantes años. Entrenamos juntos muchas sesiones de tablón y compartimos tardes de deportiva en las que él me motivaba enormemente con su gran fuerza y estilo. Pero nunca habíamos escalado en el monte juntos, y ya tocaba.
Fuerte escalador deportivo, lleva ya unos años acercándose al monte a repetir clásicas y no tan clásicas. Y en ese proceso, nos planteamos el Espolón de los Franceses de Peña Vieja que él no conocía, que es una imprescindible de los Picos, y que a mí me encajaba bien en mi baja forma…



Madrugamos que el viaje es largo. En Potes nos saludamos de coche a coche con Estivi y Javi que suben a hacer alguna de las suyas. Nosotros subimos por Espinama: mi coche protesta en algún punto de la pista, pero llega al Parador de Áliva donde aparcamos. Son algo más de las nueve cuando salimos de pantalón corto hacia la pared, muy cercana desde aquí.
Cargamos agua: un litro y medio cada uno.
La temperatura de los días anteriores era alta, demasiado para esta época del año, pero lo cierto es que la previsión para Picos no hacía pensar lo que nos iba a tocar.




Empezamos a escalar pasadas las nueve y media, y ya desde los primeros pasos nos aprieta un sol de justicia. Vamos alternando cabeza de cuerda estirando tiradas a sesenta metros (o incluso con algún pequeño ensamble). El Espolón es una vía clásica de grado fácil, con algo de hierba en la zona baja, pero estética y con unas vistas muy buenas.



En el lardo seis, ya sobre el propio filo, Kike se embarca en una chimenea más a la derecha de lo debido (por fiarse de la descripción de la guía que trae) y tiene que hacer una travesía algo fina para retomar la vía. Es lo que tiene ir sobrado de grado, que no notas que por donde vas ya no es IV+ (ni V+ en el paso concreto).



En cada reunión vamos bebiendo, echando crema también.
Largos elegantes en esta segunda parte, buena roca. Disfrutones.
Como siempre me pasa en el monte, yo voy pensando en los amigos, y especialmente en Miguel. Me lo imagino trepando la vía sin cuerda, pero sobre todo pienso en cuando la destrepó a pelo, y en los infelices que se cruzaran con él ese día... Genio y figura.



Llegamos a los gendarmes sobre las dos y media, después de hacer diez largos casi a tope de cuerda todos. Unas cinco horas para la vía. Una media hora por largo. No es para tirar cohetes, pero es no corre ni gota de aire y el calor realmente aplana.
Mientras recogemos los trastos y las cuerdas para afrontar el tramo de trepada hasta cumbre, comemos algo por primera vez. Kike termina su agua aquí. A mí me queda el clásico cuarterón, que ya prevemos no va a saciar nada…
La primera parte de la trepada vamos encajados e incluso algo en sombra, cosa que se agradece. Con todo, yo me tengo que sentar cada pocos minutos de la flojera que me invade.
Ya en zona de arista, como siempre, vamos buscando el terreno más fácil. En un momento dado me separo de Kike y me enredo en un resalte que me obliga a poner gatos de nuevo (no vaya a ser). Alcanzamos las pequeñas torres donde adelantamos a los chavales que llevábamos encima en la escalada. Yo voy sentándome cada vez más a menudo: parece que estoy en un ochomil. Hacemos un par de rápeles cortos. Otros resaltes los destrepamos.
Finalmente, dos horas más tarde estamos en la cumbre. El sol abrasa. Los Picos están más secos que muchos agostos.Comemos un poco más y terminamos el agua.Creo que estoy en un estado combinado de insolación y deshidratación, cercano a la temida pájara. Hace muchos años que no me encuentro así.
Kike me empieza a atender como a un enfermo.


La idea de bajar por la Canal del Vidrio se desecha pensando en sus delicados destrepes y mi lamentable estado: hasta mareos me dan.  Salimos hacia el Collado de la Canalona, parando a comer nieve en el último triste nevero que queda bajo Coteros Rojos. Combino la nieve con una barrita energética con la esperanza de ir recuperando.
Bajo la Canalona no hay nieve, seguimos hacia Bustamante. Aquí volvemos a comer algo de nieve mientras veo las zetas del camino tantas veces recorrido hacia Fuente De. No hay ni un alma.
Parece que voy recuperando poco a poco y ya estiro tramos más largos. También es porque el sol ya está más bajo y su impacto es menor. En la Vueltona aprovechamos la última sombra que queda hasta Tajahierro. Me tiro al suelo.
Última tirada bajo la Olvidada, Lloroza, Cobarrobres, y enfocamos hacia Áliva. Voy pensando en el caño de agua junto al parador.
Llegamos por fin y bebemos. El agua y el haber terminado parece que me resucita.
En el Parador entramos a tomar algo. Kike saluda a sus conocidos por haber currado allí varios veranos en tema de astronomía. Yo me tomo dos cervezas con limón (sin alcohol): cuando me quito las gafas de sol noto la cara de sorpresa del camarero. Luego en el coche, me miro en el espejo y me veo realmente demacrado, con los ojos hundidos en las cuencas…

El viaje de vuelta en coche ya fue normal: me encontraba bien y el líquido repuesto me recuperó rápidamente.
A pesar de venir bebiendo todo el viaje, cuando al llegar a casa me peso: he perdido cuatro kilos hoy, obviamente la mayor parte son de agua…
Pensando en la siguiente ya, esperemos que menos agónica.

Gijón 6:00 h
Áliva 9:00 h
Pie de Vía 9:40 h
Fin escalada 14:30 h
Cumbre 16:30 h

Áliva 18:30 h

martes, 13 de junio de 2017

Tarde de BTT Cantábrica

21 Abril 2017
Nando y Noelia
Ruta por las faldas del Brañacaballo, León (aprox. 24 km, +800 m)

Viernes tarde, buena previsión de meteo, hoy toca bicicleta.
Salimos de Gijón hacia las dos y media de la tarde. El trayecto lleva una hora escasa. De camino observamos la poca nieve que nos queda en la cordillera esta triste temporada: se vaticinan para el verano sequías en montaña nunca vistas.


Poco después de las tres y media ya estamos listos para arrancar. Hace una muy buena temperatura para rodar. Salimos desde el pequeño pueblo de Camplongo de Arbás (1.200 m). Los primeros kilómetros son de asfalto: primero de regreso hacia la general, y desde esta,  al poco rato, coger una ya empinada carretera hacia Millaró de la Tercia. La carretera pica bastante y el plato pequeño hace acto de presencia.


El paisaje es muy guapo, cumbres rocosas aún adornadas por neveros, y laderas cubiertas de brezo colorido. Saliendo de Millaró (1.300 m) el asfalto da paso a la pista de tierra, de pendiente muy pronunciada al principio. Vamos remontando por zetas sobre tierra hasta el collado Farramedal (1.700 m). Desde este la cosa suaviza, y aunque sigue para arriba, es más llevadero.
Nando y Noelia se turnan a tirar delante. Yo bastante hago con no descolgar.



Vamos faldeando el Brañacaballo, una cumbre típica de esquí de montaña, a la que este invierno la escasa nieve seguramente no haya dejado disfrutar de sus laderas salvo a los más fanáticos.
Paramos a reparar un pinchazo de Nando, parada que también sirve para comer y beber un poco, y para admirar el paisaje. Tratamos de identificar las muchas cumbres que se ven alrededor.


Seguimos girando dirección Oeste en un subir suave pero constante hasta que pasamos por una cabaña, poco después de la llamada Fuente la Pinga. Estamos a unos 1.900 metros y este es el punto más alto por el que vamos a pasar. Es decir, de aquí en adelante básicamente nos toca bajar.


La pista es realmente fantástica para la bicicleta de montaña: nos dejamos lanzar por la pendiente, tocando frenos de vez en cuando para que la cosa no se desmadre. Vamos perdiendo altura poco a poco, cambiando de orientación hacia el  Oeste, luego hacia el Norte, vuelta al Este y al Sur, girando las redondeadas laderas. Ahora estamos en las faldas del Pico la Carba. Debajo, muchos metros más abajo, vemos las casas de Tonín de Arbás, hacia donde vamos a ir, pero aún nos queda trayecto.


Pasamos por unas cabañas con bastantes caballos, el Chozo de la Carba, más adelante, los Chozos de los Prados Viejos. Aquí, ya casi en el Valle de Cuadro, paramos a observar la propuesta de extensión de la ruta que tiene Nando en la cabeza: en la ladera de enfrente se levanta una estrecha y muy empinada pista que sube hasta el llamado Collado Sierra Bermejo. En este collado, de camperas, confiamos exista nueva pista para bajar por la siguiente vertiente y terminar dando a Pendilla. Pero la extensión va a quedar para otro día. Hoy seguimos para abajo.


Breves minutos después alcanzamos los embarrados caminos que dan entrada a Tonín, con sus múltiples perros. Y desde aquí, poco más de carretera y llegamos a Camplongo, donde tenemos el coche.
Gran ruta. Y gran potencial para extenderla con las muchas opciones de pistas de la zona.

Una tarde de viernes bien aprovechada.

(varias de las fotos son de Noe)

sábado, 3 de junio de 2017

Contrarreloj a la tormenta

Sábado 13 Mayo 2017
Juaco Piñera
Integral de los Poyones (1.000 m, V), Macizo del Cornión, Picos de Europa


La previsión era clara: hasta las dos o tres aguantaría, pero luego, de repente, iba a caer agua en cantidad. El día antes había llovido intensamente casi toda la tarde, con contundencia. La conclusión es que íbamos justos de tiempo y que había que moverse ligeros, y además tener suerte de que no se adelantara.
Salimos de Pandecarmen hacia las nueve, con una cuerda cada uno y el material justo repartido entre los dos. Las mochilas parecen hasta ligeras: una vez dejas de meter los piolets, los crampones y la ropa extra del invierno, es como una liberación.
El macizo aparecía enganchado de nubes algodonosas, que cambiaban de forma con rapidez a merced de un fuerte viento en altura. Las cumbres más altas a ratos se cubrían, a ratos asomaban, con una capa de nieve fresca de los días anteriores. Nuestro objetivo era más modesto, con cota máxima en torno a los 2.100 m, iba a estar limpio de nieve.


No teníamos claro por dónde aproximar, así que una vez en la Cuerre Benita, después de echar un vistazo, decidimos continuar a lo conocido, camino del Porru Bolu, y explorar de bajada.
Un poco por encima del camino, unos chavales parecen clavar algo en la roca. Después sabré que era Fer con unos clientes de cursillo haciendo prácticas.


Al pie del Porru Llagu observamos tanto el lago que le da nombre (y que suele estar seco) como la línea de cumbres que vamos a ascender, con esbeltas paredes en su vertiente Este y en las que he disfrutado buenas escaladas hace años (hay que volver). Nosotros teníamos que girar al Norte y ganar la cabecera, para lo cual tuvimos que perder bastante altura en un jou, y remontarla de nuevo hacia el Primer Poyón.


Primera Torre: Equivocamos la entrada y tenemos que escalar en botas un largo con pasos de IV en roca dudosa para alcanzar la primera cumbre. Luego vemos que se sube andando por la otra vertiente. Bueno, a esto venimos, a escalar.
Cresteo fácil hasta la cumbre y rápel de unos treinta metros al collado con la segunda torre. Una vez aquí nos toca el largo más difícil según los croquis.



Segunda Torre: mientras me pongo los gatos y me cuelgo los trastos, el viento frío nos zarandea. Voy con la chupa puesta y los guantes a mano. Salgo a por ello y voy resolviendo tranquilo toda la tirada. Escalada bonita combinando adherencia con fisuras fáciles. Roca norte con su tacto particular. Hay varios seguros, pero hay que reforzarlos con otros intercalados. La escalada obliga a moverse. Llegando casi a la reunión me pego un buen susto cuanto agarrado a un buen canto aparentemente sano, se sale de sitio un bloque tamaño caja de zapatos: lo trato de dirigir evitando que me pegue a mí y a las cuerdas hacia abajo. Después de esto, me concentro en los últimos cuatro metros hasta la reunión. Esta es de tres clavos y bastante colgada debajo de unas panzas. Juaco viene despacio detrás. Yo aseguro con la capucha y los guantes puestos.


Apuro para salir de nuevo y después de unos metros en una especie de chimenea, estiro las cuerdas a tope ya sobre la arista fácil de la segunda torre, y con caliza súper adherente.Otra tirada por la arista en terreno sencillo.
El cielo está muy oscuro por momentos, tenemos que espabilar. Recogemos las cuerdas y destrepamos hacia el collado con la tercera torre. Mientras destrepo, voy identificando en frente los pasos a seguir y los seguros existentes que me sirven de referencia.


Tercera torre: Salgo para arriba rápido. Es fácil y pronto he estirado toda la cuerda y monto reunión sobre un gran bloque. Observo a Juaco recortado contra el gris de las nubes que están descargando agua no muy lejos ya: cortinas hiladas que se van acercando...


Mientras Juaco trepa, empiezan a caernos las primeras gotas. Rápidamente recorremos otra tirada de arista fácil en ensamble y nos preparamos para destrepar hacia el collado con el Requexón. Esta parte la conozco de hace un par de años, cuando vine solo por aquí.
Completar la actividad haciendo la cumbre del Requexón, que es lo natural, ni se contempla hoy con la perspectiva de cielo gris plomo que tenemos encima.




Recogiendo las cuerdas y los trastos, con las manos frías, las gotas parecen arreciar a la vez que el viento. Sin embargo, al cabo de unos minutos volvemos a estar al sol. Ha pasado esta nube...

Destrepamos hacia el Norte, por la base de las paredes Oeste cuyas cumbres acabamos de cabalgar, dirección a la Canal Vaquera. Aprovechamos los neveros para deslizarnos con cuidado, perdiendo altura.

25 años escalando juntos, ahí es nada!
Esta zona de los Picos, tan cerca de zonas trilladas, es nueva para los dos, así que procuramos no perder la referencia de los hitos. Poco a poco vamos acercándonos al camino de Ordiales, aunque se nos está haciendo largo.



Es justamente cuando acabamos de tocar el camino de Ordiales cuando empieza a llover fuerte, y al minuto siguiente es una tromba total. La lluvia prevista ha llegado con una hora de retraso. Menos mal!
Llegamos a Vegarredonda totalmente empapados. Nos tomamos un Aquarius charlando con Marta. Al rato escampa y podemos salir hacia el coche sin lluvia ya.


Charlando de mil cosas, llegamos al coche hacia las seis y media, nueve horas y media después de salir, muy contentos con la actividad, especialmente por habernos librado de la lluvia durante la escalada.
La integral es bonita, habrá que volver a repetirla, y estirarla hasta el Requexón. Y luego hacerla al revés. Y más tarde hacerla en invierno…

Gijón 7:00 h
Salida Pandecarmen 9:00 h
Pie de vía 11:30 h
Fin escalada 15:00 h
Vegarredonda 17:00 h
Pandecarmen 18:30 h